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Santa Maria de Jesús Sacramentado

En nuestra Congregación de Hijas del Sagrado Corazón de Jesús celebramos la fiesta del nacimiento de María Santísima que se celebra en la Iglesia el día 8 de septiembre, y el nacimiento de nuestra Madre Fundadora, por haber nacido este día.

María Natividad Venegas de la Torre nació el 8 de septiembre de 1868, en el rancho de "La Tapona", municipio de Zapotlanejo, Jalisco. Décima segunda hija de Don Doroteo Venegas Nuño y María Nieves de la Torre Jiménez.

Fue bautizada el día 13 del mismo mes, por el Sr. Cura de Zapotlanejo: Don José María de Anda. Recibió la confirmación el 24 de noviembre de 1872.

Su padre, tenía fama por su extremada caridad, a tal grado que acabó con sus bienes por dar a los demás lo que tenía, viéndose en la grave necesidad de dejar su tierra natal para ir a vivir a San Leonel, Las Varas, Mecatán, San Pedro Lagunillas y luego a Compostela, en el Estado de Nayarit.

Fue en San Pedro Lagunillas donde Natividad aprendió las primeras letras. Cuando tenía nueve años hizo la Primera Comunión. En ese mismo lugar, con cuarenta y dos años de edad murió su madre, quedando ella al cuidado de una buena sirvienta y con el cariño de su padre y de su hermano mayor Mónico.

Cuando cumplió Natividad dieciséis años, regresó la familia al Estado de Jalisco, al municipio de Zapotlanejo; sus aficiones eran escribir, leer y rezar, mientras que su hermana, tenía a su cargo el cuidado del hogar. Adelaida se lamentaba con su padre y le decía: "Papá, dile a Natividad que me ayude, ella nomás está rezando y escribiendo, mientras que a mí me deja todo el cuidado de la casa", a lo que el padre respondía con tono profético: "Déjala hija, ella lleva el oficio de María y tú el de Martha”.

El 8 de diciembre de 1898, ingresó a la asociación de las "Hijas de María"; día de felicidad para Natividad, quien se integró al trabajo de catequesis y a la pastoral en su parroquia; anhelaba vivamente, consagrar su vida entera al servicio de Dios y aunque se veía atraída por la vida religiosa, no tenía claro cuál era la congregación, y, compartiendo con su director espiritual, quien iba conociendo más y más el alma de Natividad, llegó a decirle: "Es indudable, Natividad, tienes que terminar tu vida en el claustro".

Participó en los Ejercicios Espirituales de San Sebastián de Analco, en noviembre de 1905, para las Hijas de María, impartidos por el Padre Sotero Mireles y al terminar Natividad decidió ser religiosa. Recibió varias invitaciones para ingresar a comunidades ya aprobadas canónicamente y decidió ser parte de un nuevo instituto: el de las "Hijas del Sagrado Corazón de Jesús”.

Al principio, las jóvenes que prestaban su servicio en el “hospitalito” sólo atendían a los enfermos; posteriormente iniciaron la vida comunitaria, recibiendo formación y un reglamento elaborado por nuestro padre Fundador, para iniciar desde luego una congregación religiosa, llamándolas desde entonces "Hijas del Sagrado Corazón de Jesús”.

El 8 de diciembre de 1905, Natividad llegó a formar parte de las "Hijas del Sagrado Corazón de Jesús", grupo que al llegar ella, aumentó a seis. Al ingresar se perdió con la humildad de una santa en aquella casa llena de paz y concordia donde se oraba y se sacrificaba por los demás, atendiendo a los enfermos abandonados y a los menesterosos en el hospital; todos la llamaban por cariño "Madre Nati".

En 1908, dada su capacidad y como se mostrara tan activa y recta, paulatinamente se le asignaron responsabilidades más grandes; fue encargada además de su propio oficio, de organizar los libros de contabilidad en el hospital; ella abrió el primero. En junio de 1910, en la festividad de Corpus Christi, hizo votos privados. En 1912, fue nombrada Vicaria de la pequeña obra, a la que hizo crecer. El 28 de junio de 1915 hizo votos temporales de castidad, pobreza y obediencia, por cuatro años.

El instituto naciente sigue tomando cuerpo, la inteligencia y liderazgo de la Madre María de Jesús Sacramentado dieron forma a esta pequeña obra, iniciada por Monseñor Atenógenes Silva y así, el 25 de enero de 1921, se realizaron las primeras elecciones canónicas de la Congregación, siendo electa Superiora General la Madre Nati. El nombramiento aumentó su fidelidad al deber.

De 1926 a 1929, durante la cruel persecución religiosa, su firmeza y calidad humana y espiritual, fue lo que mantuvo la disciplina del instituto a ella confiado.

Era tanta su devoción y amor a Jesús Eucaristía que quiso llamarse María de Jesús Sacramentado. El 8 de septiembre de 1930, fiesta de la Natividad de María, ella y las hermanas elegidas, formularon sus votos perpetuos; su nombre, Natividad, lo cambió por el de Sor María de Jesús Sacramentado, pues era tanta su devoción y amor a Jesús Eucaristía.

Los inicios fueron difíciles en el aspecto económico y también por la persecución que padecía la Iglesia. Sor María de Jesús trató maternalmente a todas las hermanas, llamándolas "mis muchachitas", pero a pesar de su carácter dulce, era decidida y enérgica. No permitía que el desaliento en la atención a los enfermos se infiltrara en su Congregación.

Durante los 33 años que duró en su cargo de Superiora General, teniendo la responsabilidad de la dirección del instituto, favoreció la fundación de dieciséis casas para atender enfermos ancianos y desvalidos.

Por ello Sor María de Jesús oraba mientras atendía a los enfermos, mientras estaba en sus labores, a toda hora. Luchó por mantener siempre unida a su comunidad, ejemplificó el orden y la limpieza que debe tener una religiosa; su fortaleza la atribuía a la recepción cotidiana de la Sagrada Eucaristía. Fruto de este espíritu de oración es la manifestación clara y palpable de un Cristo que se le quiso manifestar. Describimos, lo que ella misma firmó, asegurando decir verdad: "El año de 1947, el 7 de diciembre a las 7:00 de la mañana. Un crucifijo grande chorreando sangre abundante desde la cabeza coronada de espinas y chorreando desde el rostro a todito su venerable cuerpo. Me vi a mí misma frente a Él, viéndolo, y de repente bajó sus dos manos que estaban asidas de los clavos y tan inclinado, que le vi su espalda encorvada en actitud de alcanzarme, me sentí tan pequeña y Él tan inclinado, que cuando acordé me llevaba con sus dos manos a besar la llaga de su hombro derecho, y al besarla, oí mi voz que dijo: “ahora sí alcancé a besar esta llaga”, pero me vi tan pequeña como un niño de un año, y no sé cómo sería esto, yo me veía besando la llaga por la espalda y era la misma que la llaga besaba, y cuando volví estaba hincada en el mismo reclinatorio rodeada de mis hermanas, y nadie me dijo que hubiera dejado de estar en el reclinatorio, esto fue acabando de comulgar como digo, a las 7:00 de la mañana, víspera de la fiesta de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María, cuando me di cuenta, estaba en la misma actitud de antes, de rodillas en el reclinatorio, nadie se dio cuenta, no dijeron las hermanas haber notado nada”.

En su interior, Sor María de Jesús era mística. Ella escribió: "Jesús mío, grabad en mi corazón los tormentos de vuestra pasión”.

Su cargo de Superiora General habría de durar treinta y tres años consecutivos, proporcionándole una verdadera crucifixión, dado los múltiples sacrificios a los que se enfrentaría como superiora. El 12 de septiembre de 1954 quedó relevada de su cargo.

El 11 de febrero de 1956 sufrió la Madre María de Jesús una embolia cerebral. Se recuperó casi del todo, pudo oír decir: "Descansa tú mi Jesús, aunque yo sufra". Podemos decir que el Señor todo misericordioso quería que bajo la mirada de la misma fundadora se fuera fraguando según el modo y el espíritu de ella misma, la nueva Superiora General.

“El 14 de agosto, celebrando el Tránsito de María, estaba en la capilla la imagen de la Santísima Virgen tendida y llena de flores, como se acostumbra; en la meditación de la tarde lloró con sollozos muy fuertes cuando todas estábamos en silencio. Una Hermana se acercó inmediatamente preguntándole:

Nuestra Madre, ¿qué tiene? - ¡Ganas de ver a la Virgen! ¡Muchas ganas de ver a la Virgen!

En mayo, como otras veces -continúa la hermana con su relato- la sorprendí sentada tras su mesita-escritorio con los ojos puestos en la imagen de Jesús Doliente, y como la interrumpí con el asunto que yo llevaba, al terminar me dijo: Ven, siéntate para que escribas lo que te voy a dictar: “Corazón de Jesús, por vuestro amor, quiero ser víctima en tu honor”.

Los últimos años de su vida, marcados por la enfermedad y por la disminución de sus capacidades, Sor María de Jesús mantuvo su testimonio de abnegación y entereza, dando ejemplo de sumisión religiosa a la Madre Superiora General, fortaleciendo y consolando a quienes le presentaban sus penas, hasta que sus males reincidieron y así llegó el 25 de julio de 1959 en que nuevamente se agravó. El día 29 sufrió un síncope a las 4:00 de la tarde, del que se recuperó un poco y con fervor pudo recibir los últimos sacramentos. Sor María de Jesús Sacramentado Venegas de la Torre murió llena de paz el día 30 de julio de 1959, a las 6:45 de la mañana.

Cuando Sor María de Jesús descansó en el Señor, contaba con 91 años de edad. Muchas personas pudieron testificar como Dios le concedió, inmediatamente después de su muerte, esta gracia divina: su rostro rejuveneció de forma admirable.

El Cardenal Don José Garibi Rivera, dijo a las hermanas asegurándoles: “Desde este momento tienen una Madre y una intercesora en el cielo".

La Madre Nati dejó a su paso una estela de bondad y auténtica caridad, sobre todo hacia los enfermos. El amor a la figura sacerdotal convirtió su vida en una generosa ofrenda por aquellos que en la tierra son los dispensadores de las gracias de Dios.

Nuestra Madre Fundadora MARIA DE JESUS SACRAMENTADO, decía:

“Tenemos que ser como la raíz y tronco de un nuevo árbol, recién plantado en la Iglesia, de ahí la grande obligación que tenemos de dar buen ejemplo.” Insistía en la fiel observancia del Reglamento, y de modo especial en la guarda del silencio.

VIRTUDES HERÓICAS DE SANTA MARIA DE JESÚS SACRAMENTADO

“EL JUSTO VIVE DE LA FE”

La fe de la reverendísima Madre, fue siempre firme y activa. “La fe que no se manifiestas mediante las obras, es una fe muerta”, (Santiago 20) esto la obligó a hacer mientras aumentaba su fe en Dios, tanto más hacia que esa fe viviera en ella misma, haciendo que produjera frutos de vida eterna.

“NUNGUNO DE CUANTOS HAN ESPERADO, HA SIDO CONFUNDIDO”

La fe nos habla de la bondad de Dios, de sus atributos, de su omnipotencia, de su fidelidad… nos manifiesta sus promesas, a lo que tenemos derecho a esperar, etc.

La esperanza consiste en aguardar con confianza ilimitada, no solo los bienes prometidos por Dios, el cumplimiento de lo prometido, sino también la concesión de todos aquellos auxilios que en orden natural y sobrenatural nos son necesarios para alcanzar nuestro propio fin. La Madre Naty, conocía y comprendía esta virtud de la esperanza, por eso en todos los acontecimientos de su vida personal, y de la congregación por ella fundada, se sometía a los designios de Dios Nuestro señor, poniendo en Él toda su confianza. Ella cuando quedó de superiora no se contentaría con ser únicamente superiora del hospital, sino que además se esforzaría, -dada su inclinación religiosa-, a hacer de aquella comunidad, una verdadera Betania en donde Cristo Nuestro Señor pudiera pasar tranquilamente.

Toda la vida de la Madre, así como hacía traslucir en todos sus actos su fe, así también manifestaba su esperanza; y como en el Eclesiástico lo afirma: “Ninguno de cuantos han esperado en el señor, ha sido confundido”, así también ella no fue confundida, llego a postrarse de hinojos, llena de emoción y con lágrimas en los ojos el 8 de septiembre de 1930, haciendo sus votos ante la presencia del Excelentísimo Señor Arzobispo Orozco y Jiménez quien viendo la dificultad que tenía la reverendísima Madre María de Jesús de pronunciar las palabras de su consagración, hace sus veces, terminando él la fórmula de los votos.

El amor a Dios le hizo practicar los actos más heroicos, su vida no fue sino una constante correspondencia a las inspiraciones de Dios. La gran preocupación de todos los instantes de su vida, fue como ella lo afirmaba en sus explicaciones y en sus cartas, hacer la voluntad de su Divina Majestad. Si fue humilde, si vivió totalmente olvidada de sí misma, si vivió sacrificada de manera admirable, esto no fue sino efecto de su amor para con Dios. Amó a los prójimos, pero de tal manera, que estos no eran objeto directo de su amor, sino fruto de su gran espiritualidad de su vida que le hacía contemplar en todas sus criaturas a Dios Nuestro Señor de manera especial, en sus prójimos, en sus muchachitas y sobre todo en los enfermos y los pobres, al mismo Cristo Nuestro Señor.

ORAD… Y ORAD SIEMPRE

Nada más oportuno que presentar ante los ojos de la humanidad a esta mujer fuerte, en la que por su vida de intima comunicación con Dios, puede realizar una obra tan maravillosa, que aun después de muerta vive, pues su espíritu anima con su savia vivificadora a esa planta: la oración.

La Madre María de Jesús, sabedora de que todo esto lo constituía una necesidad para poder vivir íntimamente unida con Dios, la fe, la esperanza y la caridad que produjeron verdaderos frutos de santificación, no pudieron menos de hacer que su vida fuera un continuo vivir en la presencia de Dios, haciendo que en todos sus actos prevaleciera la comunicación con su Ser Amado.

El 21 de mayo de 2000, en la Ciudad del Vaticano, Roma, Italia, es elevada a los altares la primera Santa Mexicana: Santa María de Jesús Sacramentado Venegas de la Torre, fundadora de la Congregación de Hijas del Sagrado Corazón.

Libro de Historia de la Congregación HsSCJ

VOCACIONES

En este día 8 de septiembre en la Congregación celebramos la Natividad de María y el nacimiento de Nuestra Madre Fundadora, Madre Naty.

Se tomó esta fecha especial para hacer los votos temporales y perpetuos, también para iniciar la formación en las diferentes etapas del proceso formativo, así la mayoría de las hermanas en esta fecha celebran su aniversario de votos.

Ahora que nuestra fundadora es Santa tomamos también el 30 de julio que es el día en que la celebramos, para hacer los votos temporales. Hay otras fechas importantes dentro de la congregación que también se toman para celebrar nuestra consagración a Dios, pero las más importantes son estas, 8 de septiembre y 30 de julio.



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