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MADRE NATY VIRTUDES HEROICAS

GUADALAJAREN

CANONIZATIONIS

VEN SERVAE DEI

MARIAE A IESU  SACRAMENTATO

(In saeculo: Mariae Venegas de la Torre)

FUNDATRICIS

CONGREGATIONIS SORORUM FILIARUM A S. CORDE IESU

(1868-1959)

 

VIRTUDES HEROICAS

 

 

SANTA MARIA DE JESÚS SACRAMENTADO

( Tomado del Decreto de Virtudes Heroicas )

Datos Biográficos

“La Iglesia circunda de amor a todos los afligidos por las miserias humanas, mas aun,  reconoce en los pobres y en los que sufren la imagen de su Fundador pobre y sufriente: se esfuerza por aliviar su miseria y a Cristo en ellos intenta servir”.  (1) Esto corresponde a las enseñanzas del Divino Maestro, que dice: “este es mi mandato, que os améis mutuamente, como os he amado yo” (2)  así mismo: “siempre que lo hicisteis con uno de estos pequeños  hermanos míos, conmigo lo hicisteis”.  (3)

Por tanto, todo seguidor de Cristo sabe que no se debe separar el amor de Dios del amor al prójimo,  (4) principalmente de aquellos que se encuentran en tribulaciones y en necesidades espirituales y corporales.

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Nació el 8 de septiembre de  1868 en un pequeño caserío, dentro de lo límites de Zapotlanejo, Jalisco, México;  la duodécima de los hijos de los piadosos esposos Doroteo Venegas Nuño y María Nieves de la Torre Jiménez. El día 13 del mismo mes recibió en el bautismo el nombre de María Natividad y cuatro años después, el sacramento de la Confirmación. A los nueve años, debidamente preparada en las verdades de la fe,  se acercó por primera vez a la Meza Eucarística.

Infancia.

Pasó su niñez en diversos lugares de Nayarit:  San Leonel, Las Varas, Mecatán,  San Pedro Lagunillas y Compostela, a donde se trasladaba su familia por razones de trabajo. A todas partes a donde llegaba, frecuentaba la Parroquia y se comportaba con austeridad y atención.

Dio muestras de veneración para con sus padres, de cuidadosa observancia hacia la religión y de gran deseo de orar ante la Eucaristía y de especial devoción; todos los días recibía a Jesús en este Sacramento.

Traduce en  “servicio”  su amor a Dios.

Por su unión con Dios, que fomentaba con sencillez y constancia, se encendió en el deseo de consagrarse completamente al Señor y hacerse útil  al prójimo. Por la misma razón huía de todo lo que la pudiera apartar del amor de Cristo y tenía mucho empeño por ayudar a los pobres y por la instrucción religiosa de los vecinos.

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Cuando perdió a sus padres se estableció en Zapotlanejo,  con una tía. En este tiempo se inscribió en la asociación de “Hijas de María” (1898), cuyas obligaciones cumplió con fervor, para su santificación  y apostolado.

Esclarece su vocación

Después de practicar unos ejercicios espirituales, sintió claramente que Dios la llamaba a la vida consagrada. Así el 8 de diciembre de 1905 se unió a la sociedad de mujeres piadosas que tenía por nombre:  “Hijas del Sagrado Corazón de Jesús” , que desde hacía unos años administraba un pequeño hospital en Guadalajara,  para los pobres.

Operario en la mies del Señor.

Por el amor de Dios, y dejándolo todo, emprendió su nuevo camino con humildad y sencillez. Como había tomado la decisión de conseguir la perfección en la caridad y por medio de los consejos evangélicos y las obras de apostolado, emitió en privado los votos de pobreza, obediencia y castidad, y se dedicó con todas sus fuerzas al servicio de sus compañeras y de los enfermos.

Observancia y responsabilidad.

Debido a sus virtudes se le confió el oficio de Vicaria de aquella pía unión y el año 1921 el de Superiora.

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De una manera egregia  desempeñó sus oficios favoreciendo el crecimiento de la Obra, aunque los tiempos eran difíciles, ya que se ensañaba una persecución  en contra de la Iglesia mexicana y sus instituciones.

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Con el consejo y la exhortación de graves varones eclesiásticos cambió su Sociedad en Congregación  Religiosa para lo cual escribió las constituciones que el Arzobispo de Guadalajara, Don Francisco Orozco y Jiménez, aprobó el día 24 de Julio de 1930.

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El día 8 del siguiente  septiembre  la  Sierva de Dios, que había tomado el nombre de  MARIA DE JESÚS SACRAMENTADO, junto con otras  8 compañeras emitió sus votos perpetuos. Así nació el Instituto de “Hijas del Sagrado Corazón de Jesús”, que tenía como fin atender a los enfermos.

Dotes de Gobierno.

Como era natural, se confió a la Sierva de Dios el oficio de Superiora General, el cual desempeñó con dedicación y prudencia hasta el año de 1954.

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Olvidada de sí misma, sirvió completamente a su familia religiosa, que durante su gobierno creció con nuevos  miembros y con  16 casas.

Para edificar sobre piedra y no sobre arena, puso mucho empeño en la formación espiritual de las hermanas, a quienes deseaba que correspondieran con la gracia divina y fieles a la vocación recibida, a los votos y a las reglas. Por tanto, las exhortaba a que vivieran de la fe , para dar siempre y en todo lugar  buen testimonio de Cristo y evitar toda mancha de pecado. Siempre estaba presente con sus consejos  con su amor, perdonando las debilidades, pero en su oportunidad obrando con firmeza y rectitud y si era necesario , con castigos no demasiado severos sino con un cuidado maternal manifiesto.

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Se esforzó por transmitir a las hermanas el amor de la Iglesia, a las almas, a las incomodidades y a la obediencia y nunca descuidó de confirmar con el ejemplo  de su vida lo que enseñaba con las palabras y con los escritos.

Carisma: servicialidad, auténtica caridad.

Además de la Congregación, tuvo cuidado con los enfermos que yacían en el Hospital del Sagrado Corazón, en donde dio testimonio de caridad hasta el fin de sus días. Los visitaba con frecuencia, los consolaba y les hacía servicios  espirituales y corporales; en especial usaba de bondad para con los afligidos, los ancianos, los pecadores y los moribundos.

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Deseando ayudar al mayor número de personas, abrió un comedor y medicinas para muchos pobres, para que los parientes del enfermo pudieran permanecer gratuitamente. También los alumnos del seminario experimentaron su generosidad.

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Se portaba así porque había conocido el amor de Dios y había entendido  que su deber  era difundirlo entre los pobres y enfermos. De ahí que, obedeciendo a la voluntad del Señor, con  todo empeño respondió a su vocación, obrando con sencillez, humildad y perseverancia su propia santificación, según la providencia le iba poniendo a quien favorecer.

Vida  interior.

Alimentaba  la llama de la caridad con la atención a las necesidades ajenas, con la contemplación de los misterios de la redención,  la unión con Dios, la piadosa frecuencia de los sacramentos, la oración asidua, la ardiente piedad hacia el Sagrado Corazón de Jesús, la Eucaristía y la Santísima Virgen María.  No confiaba en sus propias fuerzas, sino en el auxilio divino, que se esforzaba por merecer con la observancia cuidadosa de las Reglas y de los votos del Instituto, en el que había profesado.

Mortificación

Castigaba sus sentidos con dureza  y  huía de toda clase de pecados y vicios. Ponía esperanza en los bienes  eternos que se prometen a los que siguen al Divino Maestro, haciendo caso omiso de las cosas del mundo y de los bienes terrenales.

Sencillez

De por sí no tuvo ocasión de hacer cosas ilustres y notables, sino que en lo secreto obedeció  el mensaje evangélico con singular perfección en plena comunión con la Iglesia y con sus Pastores, quienes la apreciaban mucho.

Amor a Dios y las almas

La constancia en la imitación de Cristo, la observancia perfecta de los deberes diarios, la inclinación alegre a hacerse toda para todos,  el deseo incansable de propagar el reino de Dios, y esto por muchos años, manifestaba que la Madre María de Jesús Sacramentado había alcanzado una altitud no común en el ejercicio de las varias virtudes.

En 1954 a causa de su avanzada edad renunció al cargo de Superiora General. Vivió los años que le quedaban en la oración y en la meditación, observando la vida común, en cuanto le era posible, obedeciendo a la nueva Superiora con sencillez.

Fidelidad hasta el fin.

En 1956 sufrió una embolia cerebral que le causó hemiplejia.  Con admirable fortaleza sobre-llevó  la enfermedad. Salió santamente de este mundo el día 30 de julio de 1959 en el Hospital del Sagrado Corazón, venerada por las hermanas, por el pueblo y por las autoridades del lugar.

“Mi alma en este destierro ha tenido sed de Dios, fuerte y vivo, ¿cuándo se llegará ese día feliz en que aparezca ante la cara amabilísima de mi Dios? “

Tramites de beatificación:

Declaración heroicidad de virtudes.

Después de su muerte, no disminuyó la fama de santidad que había adquirido durante su vida; por lo cual  el Arzobispo de Guadalajara, Excmo. Sr. Cardenal Don José Salazar López,  inició la causa de canonización de la Sierva de Dios, con el permiso de la Santa Sede otorgado según el motu proprio Sanctitas  Clarior, e instituyó  el proceso cognitional en los años 1981-1983.  La Sagrada Congregación para la causa de los Santos reconoció la autoridad de este Proceso con el Decreto del día  9 de abril de 1988.

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Los Teólogos Consultores en asamblea especial,  del día 11 de noviembre de 1988, bajo la presidencia del Rvmo. Antonio Petti, promotor de la fe, revisaron de nuevo con éxito las virtudes de la Sierva de Dios.

El 21 de febrero de 1989, los Padres, Cardenales y Obispos reunidos en Congregación ordinaria, siendo ponente el Excmo. Sr. Paulino Limongi, Arzobispo titular De Nicea en Hemimonto, declararon que la Madre María de Jesús Sacramentado, había practicado en grado heroico las virtudes teologales , cardinales y las que le están unidas.

Posteriormente, su Santidad Juan Pablo II, recibiendo benignamente los VOTOS de la Sagrada Congregación para la causa de los Santos, firmó el respectivo Decreto que fue promulgado el día 13 de mayo de 1989.

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Por tanto, la heroicidad de las virtudes ejercitadas por la Sierva de Dios María de Jesús Sacramentado Venegas,  así como por la fama de su santidad y de muchos  milagros, resulta suficientemente  probada, encontrando en ella un motivo plausible para llegar al reconocimiento oficial de su vida santa.

Ejemplo a imitar

Por todos los testimonios recogidos,  resalta la solida figura de una “Fundadora Mexicana” que con prudente caridad  maternal consumió toda su existencia  por los hermanos necesitados,  principalmente por los enfermos.  Misión específica de caridad y servicio “Dios solo” presente en los  enfermos.

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Su santidad resulta así fundada, no solo en su excepcional carisma,  como sobre un ejercicio constante de las virtudes;  de la fe que iluminó de certeza cada paso de su vida,;  la humildad por la cual ella se consideró  siempre pequeña delante de Dios y la última entre sus hermanas.

Su  glorificación terrena  es  por tanto  una justa respuesta  a las esperanzas de todo México en donde la Sierva  de Dios ha dejado una estela  indeleble de caridad cristiana.

Queda pues, madurada la convicción de que ella vivió una inminente santidad canonizable, manifestada en un profundo, constante,  progresivo  y siempre generoso ejercicio de todas las virtudes cristianas , aunque en circunstancias muchas veces difíciles.

Aun mas, parece providencial para América Latina  y especialmente para México,  que en el cielo de la estrella del sur, se encienda una luz brillante de santidad personal y de entrega heroica  a los hermanos en el servicio social.

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El atractivo de su precoz consagración a Dios, es una invitación a la juventud, muchas veces engañada por falsos ideales,  su fuerte amor a la Iglesia Jerárquica y la estimación al sacerdocio ministerial,  es un fuerte reclamo a la esencialidad del Evangelio; su altísima elevación a Dios, reclama igualmente a los valores  eternos  del mundo contemporáneo que parece inmerso en lo transitorio.

1.       Cons. Vat. II Const. Docm. De Ecc. Lumen Gentium. 8.

2.       Jn. 5, 12

3.       Mt. 25, 40

4.       Jn. 20, 21

5.       Lc. 10, 33

Tenemos pues en ELLA,  un ejemplo a imitar.

Guadalajara   Jalisco   México.  1990

 

 

 

SANTA MARÍA DE JESÚS SACRAMENTADO VENEGAS

Primera mujer Mexicana elevada al honor de los altares.

ÉLLA, unida a Cristo en su sacrificio Eucarístico, hizo de la Eucaristía, Sacramento de amor,  el centro de su vida personal, comunitaria y apostólica, e impulsada por el espíritu de AMOR Y REPARACIÓN,   fue un modelo de consagración absoluta, logrando dejar un modelo admirable de servicio a los enfermos, a los pobres y a los ancianos, en quienes veía la imagen viva de Jesús; de manera muy especial si se trataba de sacerdotes.



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