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BIOGRAFÍA MADRE NATY

“UN EJEMPLO PARA EL MUNDO DE HOY”

De Monseñor Enrique Mejía R.

 

INTRODUCCIÓN

Un ejemplo para el mundo de hoy

Así he querido que se denominara este pequeño libreto porque es la exposición de las virtudes practicadas por la Madre María de Jesús, Fundadora de la Congregación “Hijas del Sagrado Corazón de Jesús”;  haré hincapié de manera especial, en la fe,  en la esperanza y en la caridad, que son virtudes que están sufriendo la crisis mas espantosa en el mundo de hoy, no solo entre los laicos, sino también desgraciadamente entre sacerdotes y las religiosas, y de la cual crisis tenemos necesidad de sacar a los hombres  de hoy por medio del ejercicio de dichas virtudes, pues sin la practica de ellas no es posible llevar ni siquiera un mínimum de vida cristiana, menos llegar a la santidad que es el fin para el cual Dios nos ha traído al mundo.

Por otra  parte, me he atrevido a barruntar la vida maravillosa de esa gran Madre con objeto también de hacer que la comunidad religiosa fundada por ella, conserve el espíritu que la guió a élla; pues el Concilio Ecuménico Vaticano II, en su Decreto sobre la “Adecuada renovación de la vida religiosa” insiste sobre éste particular, cuando afirma: “la renovación adecuada de la vida religiosa, abarca, por una parte, la vuelta a las fuentes de toda vida cristiana y a la primitiva inspiración de los institutos..”  y añade: “hay que conocer y observar por tanto, el espíritu de los fundadores y los fines propios…”  y esto lo hago tambien con el fin de que el fervor en la comunidad no decaiga, sino como lo afirma el reverendo Padre Carlos Romero. S.J. en su inspirada carta de pésame por la muerte de nuestra biografiada:  “vaya siempre en aumento”, haciendo que la caridad, tanto de una hermana con otras, como con todas las almas que a ellas se acerquen, sea un estímulo que las aproxime a Dios, que es caridad, y las aleje de este mundo y de todos sus atractivos que no conducen  ni pueden conducir a la religiosa a otra cosa que lógicamente acarrea desaliento, o lo que se ha dado en llamar  “inquietudes” con relación a la búsqueda de identidad y que si se examinan con sinceridad, en el silencio, en profundidad y en íntima comunicación con Dios por medio de la oración no son otra cosa sino el espíritu del mundo que quiere infiltrarse en el ánimo de la religiosa.

Que la lectura pues de esta biografía, no escrita con ínfulas literarias sino únicamente por el afecto sincero que siento  hacia la Madre María de Jesús, a quien conocí y traté y hacia la comunidad religiosa por ella fundada, sirva como lo espero, a los hombres de hoy: sacerdotes, religiosas y laicos del mundo, de América Latina, principalmente de México y de la Arquidiócesis de Guadalajara, para lograr verdaderas comunidades eclesiales, a imitación de los primeros tiempos de la Iglesia, en los que viviendo los cristianos íntimamente unidos formando un solo corazón y una sola alma en unidad de fe, esperanza y caridad, puedan dar testimonio  de Cristo vivo y operante en su cuerpo místico que es la Iglesia, sacramento universal de salvación y así atraer los hombres a Dios.

Datos biográficos de la Reverendísima Madre

María de Jesús Sacramentado Venegas

 

Nació en un pequeño caserío de la jurisdicción de Zapotlanejo, Jalisco, México, el día 8 de Septiembre de 1868; siendo la décima segunda hija del matrimonio constituido por Don Doroteo Venegas Nuño y María Nieves de la Torre Jiménez. Fue bautizada el día 13 del mismo mes por el Señor Cura de Zapotlanejo, Don José María de Anda y le llamaron María Natividad.

El Señor Venegas Nuño, era un hombre adornado con grandes virtudes cristianas; estudiaba Leyes en  Guadalajara, pero  advirtiendo en sus últimos años de estudio que su fe se debilitaba y su fervor se extinguía, resolvió abandonar su carrera.

Fue hombre de profundos conocimientos en Historia Sagrada; lo tenían por católico práctico y temeroso de Dios. su característica principal, fue su caridad extrema, a tal grado que dado su desprendimiento a causa de donativos y firmas de crédito  que nunca negó a quienes lo solicitaban, acabó con sus bienes, viéndose en la grave necesidad de dejar su tierra natal para ir a vivir en San Leonel, Las Varas, Mecatán,  San Pedro Lagunillas y luego a Compostela, Nayarit.

Fue en San Pedro Lagunillas donde María Natividad aprendió las primeras letras. Felizmente, de los conocimientos que poseía el señor su padre, participó ella, aumentando así su cultura en general. Cuando tenía nueve años, hizo la Primera Comunión.

Mueren su padres

 

En ese mismo lugar, con cuarenta y dos años de edad murió su señora madre, quedando ella al cuidado de una buena sirvienta y con el cariño de su padre y de su hermano mayor, Mónico.

Cuando cumplió diez y seis años, regresó la familia al Estado de Jalisco, estableciéndose en Los Zorrillos, Municipio de Zapotlanejo; permaneciendo en Tepic Nayarit, el Señor Venegas Nuño, donde tres años después falleció.

María Natividad y Adelaida su hermana, quedaros con su tío Don Donaciano Venegas y su esposa. Aquí en los aledaños de  Zapotlanejo se desarrolló la vida de María Natividad; aquí el Divino Maestro,  la llevará paso a paso de la inocencia, niñez y juventud, al claustro y a fundadora.

Sigamos en cuanto nos sea posible, esta vida sencilla y humilde, de la cual posteriormente el Ilustrísimo Monseñor Macario Velázquez, afirma con su puño y letra: “En el confesionario, entre todas las almas que conocí espiritualmente, en ese venerable convento, ésta fue el alma mas hermosa en todo sentido”.

 Para poder describir las virtudes y el carácter de la Reverendísima Madre Natividad, sería necesaria una pluma autorizada y tiempo para ir recorriendo el velo de esta alma, e ir encontrando los veneros de fe, esperanza y ardiente amor a Dios y a las almas.

Para esto nos ayudaremos de las personas contemporáneas de la Madre, que aun viven, siendo una de ellas, Sor Inés de la Cruz, quien conoció íntimamente a la Madre y guardó como precioso legado todo lo que a ella se refería;  los apuntes de la misma Madre  María Natividad, lo que nos dicen sus escritos y cartas.

Vinieron para la joven María Natividad, días de dolor y martirio,  pues después de haber quedado huérfana,  se comprende el dolor inmenso que sentiría al cerciorarse, estando en zorrillo, de la muerte de su querido padre. Mas en los planes de la Divina Providencia, este era el camino para acercarla mas y mas al Señor, que llenaría totalmente su corazón.

Cuando aquí vivía, se reunieron los padres de familia y fueron a suplicarle diera clases escolares a sus hijitos; María Natividad amaba grandemente a los niños y pensó desde luego en aceptar el compromiso,  pero Adelaida su hermana le advertía  argumentando que los niños eran traviesos y ruidosos, mas ella llegó a convencerla diciendo: “pobrecitos, no saben leer, déjalos que vengan, mira, yo le enseño y tú los regañas…” .

Al contemplar a un pequeñito caminando, comentaba admirando la omnipotencia de Dios; pues creciendo, creciendo, llegaría a ser toda una “persona”.

Ven y sígueme

Cambió el escenario yéndose a vivir a Zapotlanejo al lado de su tía paterna Doña Crispina Venegas. En esta fervorosa población alteña,  tendría su cita definitiva con el esposo celestial.

Pasaron ahí lo años de su juventud. Aquí se iba a plasmar en su alma el sello inconfundible de su personalidad.  Aquí la esperaba el “Ven y sígueme” del Divino Maestro. Pudo entonces dedicarse de lleno a sus devociones, pues fue siempre atraída por las cosas celestiales. Ya desde en vida de su padre, Natividad se dedicaba a leer historietas sagradas y ejemplos escogidos; pues sus aficiones eran escribir, leer y rezar, mientras que su buena hermana tenía mas a su cargo el cuidado de aquel escogido hogar. Tanto que Adelaida se lamentaba con su padre y le decía: “ papá, dile a Natividad que me ayude, ella nomas está rezando y escribiendo, mientras que a mí me deja todo el cuidado de la casa”, a lo que el padre respondía con tono profético: “Déjala hija,  ella lleva el oficio de María y tú el de Marta”.

Natividad encontró en la devoción el refugio de su soledad; comulgaba todos los días;  se le veía grandes ratos en el templo de rodillas ante el Sagrario sin poder saciar su hambre de Eucaristía.

Leía libros devotos , asistía a todos los actos piadosos de la parroquia, pero el hecho mas importante en estos años que marcará el derrotero de su vida,  fue el haber ingresado a la Asociación de Hijas de María, entonces muy floreciente en Zapotlanejo.  Esta benemérita Sociedad de almas puras y límpias, que al amor de María, se consagran perpetuamente a la pureza angelical, fue el ideal apetecido de María Natividad.

Ingresó a la Asociación, pasó las pruebas de rigor y dando muestras satisfactorias de piedad, equilibrio y madurez, fue solemnemente admitida el 8 de diciembre de 1898, por el entonces Director, muy ejemplar Sacerdote Don Luis Soriano; fecha felicísima para María Natividad. Impresiones imborrables quedaron en ella del dia en que se consagró perpetuamente como lirio purísimo, bajo la mirada maternal de su madre la Virgen María.  Natividad había perdido a su madre en la tierra, ahora encontraba a su madrecita del cielo, de la que sintió sus caricias especiales en tan significativo acontecimiento.

Por todo esto, Adelaida su hermana, volvía a reconvenirla, pues la dejaba largos ratos sola en los trabajos domésticos, pero Natividad, sin replicar, seguía su camino de alma escogida, por la invitación incesante de Señor y la aprobación de su director espiritual, Don Antonio González, quien fue probándola poco a poco en lo que se refería a la virtud. Como sabio director de almas, se dio cuenta a tiempo,  que esa alma debía ser trasplantada a los jardines del Señor, antes de que el oropel engañoso del mundo la encandilara y desviara, porque nunca le faltaron insistentes invitaciones para fiestas y matrimonios a las que ella rechazaba de inmediato.

Anhelaba vivamente María Natividad consagrar su vida entera al servicio  “del amado y mas hermoso Hijo delos hombres” y aunque se veía atraída a la vida religiosa, no acababa de ver claro cual era para ella la voluntad divina. Esta  idea la había comunicado solamente a su director espiritual, quien llevando paso a paso y con gran prudencia a esta alma escogida del Señor y siguiendo las mociones del Espíritu Santo,  se había propuesto conocer en este caso la Divina Voluntad.

Pasado el tiempo y conociendo la opinión de otros sacerdotes, conociendo mas y mas el alma de María Natividad, llegó a decirle estas proféticas palabras que serán el indicio claro de Dios:  “es indudable Natividad, tienes qué terminar tu vida en el claustro”.

Por ese tiempo estaba en auge,  en la Ciudad de Guadalajara, la casa de Ejercicios Espirituales de San Sebastián de Analco. Se organizaban continuamente tandas de Ejercicios de San Ignacio para todas las clases sociales; no slo para la Ciudad Episcopal, si no para las parroquias foráneas, y así en noviembre de 1905, se verificó una exclusiva para Hijas de María predicada por el padre Sotero Mireles.

Por sugerencia del Padre don Antonio González, vinieron a tomar parte en esta tanda, cuatro señoritas de lo mejor en el terreno espiritual de la parroquia de Zapotlanejo,  almas escogidas y auxiliares importantísimas en el aportolado. Entre ellas, María Natividad. Era la hora de Dios.

Precisamente al terminar estos ejercicios espirituales, María Natividad decidió entrar de religiosa.  Recibió varias invitaciones para ingresar a comunidades ya aprobadas canónicamente, como las  “carmelitas descalzas de Santa Teresa”, las “Salesas”, o con las  “Siervas de los pobres”, fundada recientemente en el hospital d ela Santísima Trinidad. Pero Dios tenía determinado que habría de tomar parte muy principal en fa fundación de un nuevo Instituto: el de las “Hijas del Sagrado Corazón de Jesús”, y así la Providencia Divina llevó delicadamente a María Natividad hasta las puertas del Hospital del Sagrado Corazón, de Guadalajara.

Fundación del Hospital

Antes de seguir la trayectoria de la futura fundadora, hagamos un poco de historia del Hospital del Sagrado Corazón.

Cierto día del año 1885, yendo la señora doña María Guadalupe Villaseñor de Pérez Verdía, de camino entre Guadalajara y San Pedro Tlaquepaque, al pasar la garita y al pie de un pequeño arbusto, vio un espectáculo que la conmovió, una escena desgarradora: un pordiosero enfermo y moribundo, se encontraba en la mas espantosa soledad. Ahí concibió la bondadosa señora, la idea de fundar un hospital e invertir sus cuantiosos bienes a favor de los enfermos necesitados.

Al efecto, siendo ella presidenta de la Conferencia del Sagrado Corazón de Jesús, rama derivada de las Conferencias de San Vicente de Paul, reconocidas mundialmente y establecida esta en la parroquia de San José de Analco, se dirigió al párroco de ese lugar, don Ignacio Díaz Morales, en demanda de ayuda. El Señor Cura acogió con beneplácito la idea y a su vez , la comunicaron al Señor Canónigo Doctor don Atenógenes Silva  y Álvarez Tostado, Director General entonces de las citadas Conferencias, quien se manifestó desde luego decidido colaborador, proponiendo él mismo la construcción del edificio.

Mientras esto se realizaba, se alquiló una modesta casa en donde provisionalmente se abrió el hospitalito el 2 de febrero de 1886, con diez enfermos.

Quedaron al cuidado de los enfermos cinco piadosas señoritas, invitadas por el muy Ilustre Señor Silva, de entre las muchas almas que dirigía espiritualmente, quienes aceptaron gustosas, pues al hacerles la sugerencia les ofreció su apoyo y un reglamento elaborado por el mismo para iniciar desde luego una congregación religiosa, llamándolas desde entonces “Hijas del Sagrado Corazón de Jesús”.  Ellas fueron: Isaura Cuevas, Sofía Aguirre, Emilia Rodríguez, Felipa Durán y Anacleta Hernández.

Aprobado después el proyecto de la construcción del Hospital en junio de 1889, colocada la primera piedra el 27 de diciembre del mismo año, el 2 de mayo de 1893 celebró la primera Misa en la capilla del hospital aun no concluida el ya entonces Obispo de Colima y Padre fundador  don Atenógenes Silva.

Volviendo al relato de la Madre Fundadora, consta que el 8 de diciembre de 1905, al terminar sus ejercicios como describimos anteriormente, llegó a firmar parte de las “Hijas del Sagrado Corazón de Jesús”,  grupo que al llegar ella, aumentó a seis.

La señorita Sofía Aguirre (después  Madre Doloritas) fungía como superiora y al entrar nuestra biografiada se perdió con la humildad de una santa en aquella casa llena de paz y concordia donde se oraba y se sacrificaba por los demás.

En 1908, como se mostrara tan activa y recta,  fue encargada además de su oficio propio, de organizar los libros de contabilidad en el hospital. Ella abrió el primero.

En sus apuntes personales leemos que hizo votos privados el día de Corpus, en 1910.

En 1912, la Madre Nati, como la llamaban todos con cariño, fue nombrada Vicaria, cargo que desempeñó hasta 1921 cuando la eligieron Superiora.

Con fecha 28 de junio de 1915, vuelve a escribir:  “hice mis votos de castidad” por cuatro años.

De estas fechas, son sus apuntes privados los que nos aseguran  su espíritu de oración, sus fervorosos actos de amor y peticiones que hace al Señor,  ejemplo: “Oh dulcísimo Jesús mío, crucifícame contigo en la cruz, clava en ella mi cuerpo y mi corazón con el tuyo”.

Y como siempre fue devotísima de la pasión de Jesús, a cuantas personas podía, hacía que aprendieran esto.: “Jesús mío, gravad en mi corazón los tomentos de vuestra pasión, para que yo lea en ellos vuestro amor y vuestro dolor, para que os ame mas y jamás me separe de Vos”.

Quizá por gracias especiales que haya recibido en esa ocasión, también escribe: “La Hora Santa el día 1º de agosto: empecé a la media noche”. 1915.

Debemos suponer que desde 1905 hasta el 1921, siguió su curso ordinario el hospital.  De las primeras fundadoras que aun perseveraban (poruqe algunas dejaron la congregación) y las de nuevo ingreso, se adaptaban a la forma de vida aprobada por el Excelentísimo Señor Arzobispo don Pedro Loza y Pardavé, según consta en el reglamento impreso (que aun existe) de fecha 1º de enero 1895.

Viviendo en este ambiente de recogimiento, la Madre Nati fue abnegada y delicadísima enfermera en el servicio del hospital y presentándose muy limpia en su porte exterior, nunca se le vio afectación alguna.  Los enfermos que atendía le guardaban especial cariño y mucha gratitud.

La congregación naciente sigue tomando cuerpo y así, el 25 de enero de 1921, se realizan las primeras elecciones canónicas. Este día de la conversión de San Pable y ante la presencia de un delegado de la Sagrada Mitra, queda electa Superiora General la Madre Natividad.

Con este nombramiento, no aumentó, sino que continuó su  esmerada fidelidad al reglamento; y esto, cuando ya era de edad avanzada y agobiada por las enfermedades, impresionaba su constancia y puntualidad en las prescripciones regulares.

Un hecho al parecer sencillo vino a dar orientación definitiva  a la futura fundación y es el siguiente:  en el mismo año de 1921, por recomendación del Padre Capellán del hospital don Luciano González, se internó como enferma la señorita Gracia, hermana del Señor Arzobispo de Durango don José María González Valencia, entonces párroco de Morelia.

Cierto día, estando el señor González Valencia, acompañando a su hermana enferma, vino a  visitarlo el señor Obispo de San Luis Potosí, don Miguel de la Mora y durante la cena, enterándose el señor De la Mora de la incipiente congregación,   sugirió a la señorita Natividad , la idea de escribir las constituciones y pedir la aprobación diocesana para dicho instituto.

La Madre Nati por su humildad se negaba a hacerlo, alegando ignorancia para esa gran empresa, pero el señor De la Mora, con palabras convincentes y alentadoras,  le infundió tal ánimo y entusiasmo que , confiando en Dios, puso manos a la obra.

La señorita Natividad trató de documentarse , aprovechando desde luego las experiencias vividas en el reglamento hasta ahí observado; instrucción de libros espirituales de autores muy reconocidos de la época; consejo de varios sacerdotes virtuosos y hasta orientaciones tomadas de otras constituciones ya elaboradas, que la misma Sagrada Mitra le proporcionó.

 En su redacción personal supo plasmar su espíritu de sencillez y de humildad, legado precioso que dejó en heredad al instituto.

Los primeros ensayos y correcciones constituyeron el primer original que se presentó a las oficinas del Arzobispado.

El 27 de agosto de 1924, el Muy Ilustre Señor Vicario General, don Manuel Alvarado,  en comunicación firmada por el entonces secretario presbítero, don Antonio Correa, devolvió este documento ya que, según el sensor oficial, Muy Ilustre señor canónigo don Luis Radillo, debías hacerse varias correcciones antes de presentar dicho original al Excelentísimo señor Arzobispo don Francisco Orozco y Jiménez, para lograr una aprobación definitiva.

Después de las debidas modificaciones, consultas y frecuentes oraciones que hizo la comunidad,  llegó felizmente la tan deseada aprobación del naciente instituto, el 26 de Julio de 1930, documento oficial firmado por Excelentísimo señor Arzobispo don Francisco Orozco y Jiménez. Al recibirlo la Madre Natividad, profundamente conmovida,  dispuso tocaran la campana y que en la capilla se reuniera la comunidad. Sabidas las hermanas de tan grata noticia entre lágrimas y frases de gratitud todas puestas de rodillas y en cruz, rezaron el Magníficat.

 

Llegó después al Hospital el Padre Don Felipe de Jesús Betancourt, S.J., a celebrar la Santa Misa y encontró a las Hermanas con esta agradable sorpresa. Este sacerdote, celosísimo de la gloria de Dios,, ayudó grandemente en la elaboración de las constituciones  y a sostener la vida espiritual de la congregación todo el tiempo en la persecución religiosa que hacía poco terminaba, es por eso que, emocionado y compartiendo alegría y gratitud al Señor, leyó el documento que dice así: 

“Nos, el Doctor y Maestro don Francisco Orozco y Jiménez, por la gracia de Dios y de la Santa Sede Apostólica, Arzobispo de Guadalajara.

“Por cuanto nos consta que las hermanas llamadas  “del Sagrado Corazón de Jesús, ya hace muchos años han llevado laudablemente y con plena satisfacción de la Sagrada Mitra, vida de comunidad, cumpliéndose con el reglamento que se habían propuesto, no obstante las muchas dificultades que han tenido qué sufrir, constándonos así mismo según el juicio del censor por Nos nombrado, que sus constituciones están acomodadas a los fines  que se propone el Instituto y están conformes  con las prescripciones del Derecho Canónico, en uso de las facultades que nos concede el Cánon 492, consultada la Sede Apotólica, erigimos y declaramos erigido el Instituto “Hijas del Sagrado Corazón”, como Congregación de Derecho Diocesano, aprobando así mismo sus Constituciones. Por tanto, gozarán de todos los privilegios y tendrán las obligaciones y derechos contenidos en los Cánones respectivos del Derecho.

Dado en la Ciudad de Guadalajara, a los 24 días del mes de julio de 1930.

(Sello) FRANCISCO,  ARZOBISPO DE GUADALAJARA

Pbro Luis Radillo (Pro-secr”

Oportunamente y con agrado de toda la comunidad, se fijó la fecha para solemnizar este acontecimiento, y llenas de fervor esperaron con anhelo el día 8 de septiembre siguiente para realizarlo; fiesta de la Natividad de María y aniversario del Natalicio de nsutra biografiada.

A cada Hermana le permitieron escoger el nombre que tomarían  al hacer sus votos religiosos, sustituyendo al de pila, en la ceremonia alusiva, pero en eso no encontró dificultad alguna la Madre Natividad, pues estando consagrada de todo al Divino Corazón y sedienta siempre se estar junto al Sagrario,  que lo hizo cuantas horas le era posible, halló fácil el suyo,  pues luego dijo que ella se llamaría hasta su muerte:  Sor María de Jesús Sacramentado.

Su cargo de Superiora General había de durar treinta y tres  años consecutivos, proporcionándole una verdadera crucifixión dados los múltiples sacrificios a los que se enfrentaría, pues son constantes en estos casos.  La misma Madre, de su puño y letra, en 1954 anotó en un cuadernito que se conserva. “hoy entregué la dirección después de treinta y tres años en que la recibí en enero 25 de 1921”.

 

Desarrollo del Instituto

En esta bien trabajada jornada, cómo se hizo realidad la inspirada frase del Excelentísimo Sr  Arzobispo Don José María González Valencia, cuando en amistoso diálogo le dijo:  “Sí Madre Naty, Usted será Madre de muchas almas”, pues vemos que el Instituto fue desarrollándose admirablemente, bajos su mirada y cuidado, y mucho habría que decir del crecimiento de aquella pequeña semilla que a lo largo de los años fue extendiendo sus ramas vigorosas, logrando el establecimiento de varias casas locales.

Entre las muchas fundaciones que solicitaban, solo pudo realizar durante su gobierno las siguientes:

1ª  en 1934 “Sanatorio Mazatlán”, en el Puerto de Mazatlán Sinaloa

2ª  en 1937  “ Sanatorio San Vicente”  en La Barca Jalisco

3ª  en 1939   “Hospital Municipal” en Guaymas Sonora

4ª  en 1940   “Asilo de Nuestra Señora de Santa Anita” en Sta Anita Jal

5ª  en 1940   “Sanatorio Rodarte” en Durango Durango

6ª  en  1943   “Puesto de Socorro Cruz Roja Mex”. Guadalajara Jal

7ª  en 1944 “ Satatorio de Tepic” en Tepic Nayarit

8ª  en 1947 “Asilo del Corazón de María” en Guadalajara Jal

9ª  en 1948  “Sanatorio San Vicente” (p/ tuberculosos) Guaymas Son.

10ª en  1949  “Hospital Civil” en Cananea Sonora

11ª  en 1949  “Puesto de Socorro Cruz Roja Mex”  en Mazatlán Sinaloa

12ª  en 1950  “Sanatorio Licona” en Hermosillo Sonora

13ª  en 1950  “Clínica Obrera” en Cananea Sonora

14ª  en 1953  “Hospital Regional” en Salvatierra Guanajuato

15ª  en 1954  “Clínica Torreón”, en Torreón Coahuila

16ª  en 1954  “Santorio Sagrado Corazón” en Los Mochis Sinaloa

Con esto aparece aquí de nuevo realizada la parábola del “grano de mostaza”…

De la fundación “Sanatorio Mazatlán” hay una anécdota: terminados los tramites necesarios en ambas Mitras y médicos con los que se formuló contrato,  reunió la Reverendísima Madre María de Jesús a toda la comunidad y así preguntó:  ¿Quién quiere ir a fundar la primera casa en Mazatlán? Todas las Hermanas se quedaron calladas. Ella insistió: “levante el dedo la que quiera ir…”  pero ninguna lo levantó.  Luego Ella añadió: “ ¿quién quiere obedecer? “, entonces, como movidas por un resorte, unánimemente se pusieron de pie.   Conmovida la Madre y con las palabras que siempre había en sus labios para levantar el ánimo y dar valor en la abnegada labor de enfermeras, y hacer dulce el cumplimiento de un reglamento diario, nombró a las Hermanas que irían a la fundación.

Entrega la dirección del Instituto

Al correr de los años, llegase una vez mas en el Instituto el Capitulo General de elecciones y con fecha 12 de septiembre de 1954 , quedó electa Superiora General la Reverendísima Madre María del Sagrado Corazón Ortiz Santana.

Este cambio en el Gobierno de la Congregación no estuvo  exento de dificultades, aunque debemos afirmar que la Madre María fue una excelente persona de gran espíritu religioso, pero todas las Hermanas estaban acostumbradas al trato verdaderamente maternal que les prodigaba la Madre María de Jesús, porque lo manifestaba ya en el cuidado que cada una de ellas tenía, así como de sus familiares; lo expresaba siempre en sus visitas oficiales a las casas filiales y en las cartas que a todas dirigía; aunque hay que advertir también que en ella no solo había dulzura, si era comprensiva e infundía confianza, tenía negativas concretas cuando el caso lo exigía, pues con su cargo en mil ocasiones mostró firme entereza  haciendo se ejecutaran las disposiciones del Consejo; sin embargo… con qué cariño, con qué delicadeza llamaba a las Hermanas “Mis muchachitas”…

El cambio naturalmente debió haberse sentido en todas y cada una de sus religiosas, pero Dios, que en su providencia dirige los destinos de todos y de cada uno en particular y de las instituciones, permitió estos cambios, pues sin que la comunidad sospechara el porqué de ellos,  el 11 de febrero de 1956, sufrió la Madre María de Jesús  una embolia cerebral, es decir, 17 meses después de haber entregado el cargo de Superiora.

De esta gravedad se recuperó casi del todo, (pues solo después de tres años volvieron a acentuarse sus males) con lo que se deduce que el Señor todo Misericordia, quería que bajo la mirada de la misma fundadora se fuera fraguando según el modelo y el espíritu de ella misma, la nueva Superiora General.

Serían incontables las circunstancias en las que dejó ver su espíritu religioso a toda prueba. Cuando de la embolia recuperó el habla, se le pudo oír decir: “descansa tú mi Jesús, aunque yo sufra”.

Siempre asistió al Santo Sacrificio de la Misa y con gran fervor seguía las partes de ella.

El 14 de agosto, celebrando el Transito de María, estaba en la capilla la Imagen de la Santísima Virgen “tendida” y llena de flores como se acostumbraba; en la meditación de la tarde lloró con sollozos muy fuertes cuando todas estábamos en silencio.

Una Hermana se acercó inmediatamente preguntándole:

- Nuestra, qué tiene?

-¡Ganas de ver a la Virgen!,  ¡muchas ganas de ver a la Virgen!

“En mayo (describe una Hermana) como otras veces,  la sorprendí sentada tras su mesita-escritorio con los ojos puestos en la Imagen de “Jesús Doliente”, y como la interrumpí con el asunto que yo llevaba, al terminar me dijo: “ ven, siéntate para que escribas lo que te voy a dictar: Corazón de Jesús, por vuestro amor quiero ser víctima en tu honor”. Además me recomendó que aprendiera de memoria esto que siguió dictándome: “ corazón de Jesús, siempre lleno de dolor…,” hizo una pausa y luego prosiguió, “ De gratitud:  por tantas gracias y favores que he recibido. De amor:  porque Él ha sido el objeto de todos mis amores. De desagravio:  por todas mis faltas,  las de los pobrecitos pecadores y las de todos mis hermanos…”.

Como decíamos anteriormente, en todo este tiempo su salud mejoró notablemente, tanto que el 30 de octubre, condescendiendo con el Padre Don Anastasio Briseño, participó de muy buen humor en la grabación de un disco (que aun se conserva) en el que dejó como herencia a la Congregación sabios consejos y maternal bendición.

Su muerte

Así continuó como súbdita, su vida ordinaria, dando ejemplo de sumisión religiosa a la Madre Superiora General, fortaleciendo y consolando a quienes le presentaban sus penas, hasta tanto que sus males reincidieron y así llegó el 25 de julio de 1959 en que nuevamente se agravó.

El 29 sufrió un síncope a las 4 de la tarde del que se recuperó un poco y pudo recibir  los últimos Sacramentos y con lo que realiza esta gracia divina, murió llena de paz, el día 30 a las 06:45 de la mañana como fiel operario en la viña del Señor.



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